viernes, 12 de abril de 2013

Por qué aprendí a odiar a Krishnamurti


Desde muy joven aprendí a odiar a J. Krishnamurti. La causa de mi odio era que la secta religiosa a la que yo pertenecía en aquella época decía que este hombre era un caído, un falso maestro que había traicionado la verdad. Lo más loco que un hombre puede hacer es llegar a odiar a alguien sin conocerlo, sin saber qué es lo que transmite con su mensaje, sólo porque alguien a quien consideramos una autoridad, nos dice que es falso. Este es el extremo de la ceguera, del fanatismo y de la idiotez. Si nos consideramos personas sensatas, no podemos rechazar a alguien que no conocemos, debemos investigar por nosotros mismos.

Cuando me di a la tarea de conocer a Krishnamurti –conocer sus enseñanzas- supe que la líder de mi secta lo rechazaba por una sola cosa: porque Krishnamurti buscaba que fuéramos libres de todo condicionamiento, teoría y dogma; porque sólo así podríamos encontrar la verdad. A ella no le gustaba que estudiáramos a Krishnamurti porque él contradecía su deseo de que nos convirtiéramos en esclavos de su personalidad, de sus dogmas y de sus teorías fantásticas y absurdas. En pocas palabras, Krishnamurti era un peligro inminente para el fabuloso negocio que ella había creado.

La lección de todo esto es que no debemos crearnos una imagen de otras personas basados en lo que otros nos dicen, o peor aún, en los prejuicios o estereotipos sociales que etiquetan a las personas como si fueran productos de supermercado. Cuando interactuemos con otros, debemos vaciar nuestra mente de toda idea de ellos y conocerlos realmente por lo que son en el aquí y ahora.

Quiero compartirles hoy la biografía de Krishnamurti, es un viaje desde su niñez hasta el momento en que fue convertido en el líder de una religión de alcance mundial: la sociedad Teosófica. Ellos creían que Krishnamurti era el mesías que los salvaría, ellos necesitaban un gurú al cual adorar. Pero Krishnamurti se dio cuenta de que todo eso no era más que una manipulación, un juego del cual él era parte, así que renunció a sus títulos, dinero y propiedades –incluyendo un castillo en Holanda- para dedicarse a la búsqueda de la verdad en su propio interior, porque él sabía que sólo la verdad puede hacer que seamos realmente libres.

La verdad no es una teoría o dogma, la verdad es la vida misma cuando la vemos sin los filtros de nuestras creencias o teorías. Una creencia, un dogma, o una religión, son como un lente que nubla nuestra visión de la vida. Cuando miramos la vida con estos lentes, ya no la vemos por lo que Es, solamente vemos lo que queremos ver –o lo que otros quieren que veamos. La enseñanza de Krishnamurti implica soltar todas nuestras creencias, todos los lentes que usamos, y ver la realidad cara a cara, en su estado puro. Entonces, cuando vemos un árbol, ya no lo vemos a través de la imagen mental –desarrollada desde la infancia- de lo que es un árbol, cuando vemos el árbol vemos lo que es, sin descripciones o ideas basados en la memoria, solamente nos enfrentamos a la realidad tal cual. Y esa realidad pura y sin interpretaciones mentales, es lo que la gente llama “Dios”.


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